Tiempo que nunca perderas…

Manuela Castellanos

 

¡Como nunca antes nuestra sociedad está gritando a todo pulmón la necesidad de FAMILIA!

Es el propósito por el cual Dios llama a sus hijos. Cuando Dios llamó a Abraham, no solamente le dijo te bendeciré, sino que el Señor fue más allá, “y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.” Cuando Dios une a una pareja, no solamente está pensando en ellos dos sino en las generaciones que vendrán como fruto de esta unión.

Doy gracias a Dios por la vida de mis padres, porque, aunque siempre han estado muy involucrados en el ministerio, algo que nunca dejaron en segundo plano fue su familia. Tengo muchos recuerdos de nuestra familia compartiendo juntos, tomando unas vacaciones, almorzando, riendo, y gracias a sus enseñanzas hoy podemos transmitir lo mismo a nuestros hijos.

La base de la familia es la relación, la amistad, y el anhelar compartir tiempo juntos. Disfrutar cada momento.

Pero para que cada relación crezca se necesita un elemento: tiempo. Por lo general la manera en la que invertimos nuestro tiempo muestra las prioridades que hay en nuestras vidas.  ¿Quieres saber cuánto vale tu familia para ti? Evalúa entonces cuánto tiempo le dedicas a ella.

 

Junto con mi esposo estamos pastoreando en la ciudad de Miami. Por lo general los días de más trabajo son los fines de semana. Entrenamientos, reuniones, preparar mensajes, ministrar en la iglesia, llamar a los discípulos; lo más fácil es agendar el tiempo con las diferentes necesidades que van saliendo al estar en el pastoreo. Los dos amamos hacer el ministerio. Amamos dirigir intercesiones, estudiar la Palabra, enseñarla, compartir con nuestros discípulos y enfrentar los desafíos que implica levantar una obra.

 

Sin embargo, hemos determinado 2 cosas:

  1. Involucrar a nuestros hijos en las actividades ministeriales. Enseñándoles que les amamos, que son importantes para nosotros, pero que por encima de nuestro amor hacia ellos esta nuestro amor a Dios. Por lo tanto, si tenemos célula y no alcanzamos a organizar alguien que nos ayude con los niños, los llevamos con nosotros. Los domingos, la iglesia es prioridad, nunca perdemos ir a la casa de Dios por una actividad de nuestros hijos. También les enseñamos a ellos el amor por Dios. Por estar en la alabanza, por orar juntos. Son principios que se enseñan mejor con el ejemplo que con palabras.
  2. Apartar un día para compartir en familia.

 

En este momento nuestro día familiar, en donde intentamos darle la prioridad a nuestros hijos, ya sea salir por la tarde a un parque o un museo, son los días viernes. En ese día, nuestro enfoque son nuestros hijos. Y con estos tiempos de calidad estamos cultivando esa amistad y confianza.  

 

 En su libro “Papá está en Casa” (Daddy’s home) Greg Johnson y Mike Yorker dan unas sugerencias de cómo NO construir relaciones con los hijos, que creo que tienen su punto:

– Ten el partido de fútbol en la televisión (de tu equipo preferido) mientras estás jugando monopolio con ellos.

– Lee el periódico (o las noticias) mientras les ayudas con su tarea de algebra.

– Sal a la cancha de futbol para practicar tu swing de golf y haz que tus hijos colecten las bolas de golf al final.

– Sugiéreles tomar una deliciosa siesta el Domingo en la tarde.

– Llévalos a tu oficina el sábado, y dales algo para colorear mientras tu trabajas.

 

Invertir tiempo con nuestra familia, sembrar lo mejor de nosotros en nuestros hijos son semillas que darán fruto en el carácter de nuestros hijos, y en nuestras futuras generaciones.