Padres, no provoquéis a ira a vuestro hijos…

Rich Harding
“Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor“.
Efesios 6:4
¡Hay tanta riqueza en esta última sección de la carta de Pablo a los efesios! (de hecho, creo que Efesios es mi carta de Pablo favorita), Sin embargo, siempre que la leo hay un verso que sobresale: “Padres, no provoquéis a vuestros hijos”. En mi experiencia casi siempre sucede lo contrario: tengo dos niños y Noah, el mayor, ¡sí que sabe cómo provocar a su papá!
Pero la Biblia no dice a los hijos que no provoquen a sus padres, sino que los honren. Así que… ¿Verdaderamente provocamos a nuestros hijos? De ser así, ¿de qué manera?
 

¿Realmente provocamos a nuestros hijos?

Respuesta corta: sí. No importa la edad que tengan, podemos provocar a nuestros hijos a ira por la manera en que los tratamos. Acá hay dos maneras en que los podemos provocar:
1. Levantando nuestra voz. El Dr. James Dobson dice que muchas personas piensan que levantar la voz a los hijos (es decir, gritar, así no lo queramos admitir), es una forma válida de disciplina, ¡pero no lo es! ¡Él explica que no esto no ayuda en nada!
Nunca debes levantar la voz a tus hijos. Si lo haces, producirás una de estas dos cosas: o los lastimas y llenas sus vidas de temor, ¡o los provocarás para que se enfurezcan más!
2. Siendo hipócritas: Una de las mayores dificultades que he encontrado como padre es cambiar mis hábitos para vivir a la altura de lo que enseño.
De las cosas que he visto al aconsejar familias sobre la relación entre padres e hijos, esta es una de las luchas más grandes que los niños tienen con sus padres. “¡Es tan hipócrita!” Puede que cuando sean pequeños no puedan expresarlo con palabras, pero créeme cuando te digo que desde una temprana edad los niños entienden el concepto. No pienses que tus hijos son muy pequeños para sentir la injusticia de escuchar una instrucción y ver otra cosa en la práctica.

Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

¿Qué dice este pasaje? en lugar de provocarlos a ira, debemos “criarlos en la disciplina y amonestación del Señor”. Esto no es algo sencillo, créeme. Primero, déjame aclarar que esto está dirigido principalmente a los padres.
Nuestro trabajo como padres es disciplinar y amonestar (o instruir). No es una responsabilidad exclusiva de la madre, sino que debe ser un trabajo en equipo liderado por el padre. Hay muchas familias con padres que fallan es esta área, y esa falla se evidencia en la creación de resentimiento y enojo en los hijos.
Quisiera tomar un momento para decir algo en este momento. Si estás luchando con esto, no sigas en lo mismo, ¡busca respuestas! NINGÚN padre puede saber cómo actuar en todas las situaciones –y nadie espera que lo haga–, es por eso que hay tanta ayuda. ¡Busca libros y léelos!, hay una gran riqueza de recursos cristianos que tratan sobre la paternidad. Luego, encuentra un modelo a seguir: alguien a quien respetes que haya avanzado más que tú, cuéntale las luchas que tienes y pide su consejo.
Volviendo al tema de lo que deberíamos hacer. Hay dos cosas que se mencionan en este pasaje:
  1. Disciplina: la disciplina es crear límites para nuestros niños y luego hacerlos permanecer dentro. Nunca debemos permitir que nuestros hijos hagan lo que quieren; tampoco debemos cambiar los límites constantemente porque los podemos confundir. Si no disciplinamos a nuestros hijos, sufriremos las consecuencias.
  2. Instruir: La mejor manera de instruir a nuestros hijos es a través de nuestro ejemplo. Esto es lo que enseña Derek Prince en su libro Esposos y Padres. Quiere decir que debemos vivir a la altura de lo que les enseñamos (1). Esto puede ser algo tan significativo como la manera en que tratas a tu esposa para que tus hijos aprenden a tratar a las mujeres con respeto y amor, o algo tan sencillo como no comer un helado frente a ellos después de decirles que no pueden hacerlo porque tiene mucha azúcar.
¡Así que no provoques a tus hijos! No los exasperes ni crees resentimiento e ira en sus vidas. Cuando aprendas esto, notarás que muchos de los argumentos que tus hijos tienen se deshacen y son reemplazados por amor y respeto mutuo.
(1) “Representando a Dios a través del ejemplo”. En el capítulo 9: El Padre como Profeta.
Prince, D. (2008). Esposos & Padres: el papel del esposo en la familia. Bogotá, Colombia: Editorial Desafio.