La vara y la reprensión dan sabiduría,

pero el niño consentido [suelto] avergüenza a su madre.

(Proverbios 29:15)

Padres de Honor 

Tenemos una cultura que es muy ocupada, en la generación pasada, por lo general, el padre era el que salía a trabajar, pero la mamá era la que quedaba en casa y cuidaba de los niños. Hoy en día, en la mayoría de casos, ambos padres trabajan de tiempo completo.

 

Esto como consecuencia, ha llevado a una generación a dar a gritos: ATENCIÓN. Muchas veces lo hacen con mal comportamientos, tirando pataletas, o poniendo sus vacíos en la televisión, los iPhones, las redes sociales o los videojuegos. ¿Cuál es la consecuencia de esto? Vergüenza a los padres o deshonra.

 

A pesar de esto, podemos dar gracias a Dios por el manual de manuales que nos instruye para levantar hijos que traerán honra, alegría y recompensa al hogar. La Palabra nos habla de la responsabilidad del padre, que es proveer, pero, la responsabilidad de la madre es nutrir. Ahora que tengo a mi hija Chloe (2 meses de edad), literalmente mi prioridad con ella es nutrirla o darle alimento. Este es un trabajo a diario. Es constante, no la puedo alimentar una vez a la semana y esperar que todo salga bien.

 

Algo similar sucede con nuestros hijos mayores, aunque ya cuando son más grandes no tenemos la responsabilidad de darles la leche materna, si tenemos que alimentar su personalidad, motivarles, nutrir su estima, o como dice Gary Chapman, autor de los 5 Lenguajes del Amor, asegurarnos que su tanque de amor este lleno.

 

¿Cómo lo hacemos?

  1. Observemos

“Pero el niño consentido [suelto] avergüenza a su madre.” El Niño que crece solo, sin supervisión, sin límites, sin alguien observándolo, traerá vergüenza a su madre. Este verso deja la responsabilidad primordial a las madres, Dios nos dio la capacidad de notar cuando algo está fuera de orden en la vida de nuestros hijos, Dios nos dio un “instinto materno” para discernir y tomar medidas a tiempo.

 

  1. Tengamos en cuenta el termómetro emocional

Hay alertas que nos indican que tenemos que tomar correctivas. Hay situaciones normales en que los niños no se portaran de la manera más deseable; por ejemplo, cuando no se les respeta sus horarios de dormir, están muy cansados, pueden actuar irritables. O cuando no comen a horas, también causa un comportamiento en que protestarán. Pero hay momentos en que sus actitudes desafían la autoridad, esto nos tiene que llevar a tomar correctivos (la varita es excelente en esos casos). Pero si los padres no están observando, ¿cómo se corregirán esas actitudes? La Biblia nos da un consejo muy sabio: entre más temprano se corrija, más efectivos seremos como padres.

 

  1. Tomemos medidas

La primera parte de este verso habla de límites. Todo niño debe tener límites pues son importantes y saludables para ellos. Es más, a los niños les gusta tenerlos, se sienten protegidos. Algo que junto con mi esposo hemos determinado es darle limites a nuestro hijo mayor Noah en el tiempo que está frente a una pantalla. Por lo general intentamos que no sea más de una hora al día. Pero ha habido momentos en que no es de corrección sino de dedicación, de simplemente jugar con nuestros hijos y allí, notamos de inmediato un cambio en su comportamiento.

 

Hoy doy gracias a Dios, porque siempre tuve padres que nunca me dejaron suelta. Han estado siempre presentes; proveyendo dirección, protección y amor. Quisiera terminar compartiendo algo que mi padre compartió en uno de sus mensajes:

 

    “Dios dijo: No voy a ser yo el padre directamente lo seré a través de los mismos hombres. Él pudo haber sido el padre de mis hijos, pero me confió a mí esa responsabilidad dándome cuatro hijas y un hermoso varón, lo más importante es comprender que Dios lo hizo para que yo actúe con ellos como el mismo Dios lo haría; con responsabilidad, cariño, afecto; expresando amor, proveyendo para sus necesidades no solo materiales sino emocionales, y sobre todo enseñándoles acerca de la vida espiritual y la fe en Dios. El día que el Padre Celestial me llame a pedirme cuentas acerca de mi vida en esta tierra, lo primero que me preguntara será, que hiciste con el talento de padre que te confié. Él evaluará la parte física, emocional y espiritual de cada uno de mis hijos, y esto determinará si somos aceptos delante de Él o no. Me aboqué a la tarea de sembrar en mis hijos semillas de esperanza, amor, respeto, fe y carácter.”