PEQUEÑOS HÉROES DEL REINO

Andres Villamil

Como hijos de Dios tenemos el privilegio de extender Su Reino. Este llamado nos da la oportunidad de servir y compartir con infinidad de personas, escuchamos muchos testimonios y somos edificados a través de muchas historias, Sin embargo, existe un gran “pequeño” mundo donde también suceden milagros y se transmite un mensaje que se atesora con inocencia y una ferviente fe en cada corazón.

 

Este mundo es más grande de lo que imaginamos. En él, existen corazones que anhelan la presencia de Dios y esto lo evidenciamos cada fin de semana al estar en medio de ellos; a tal punto que su pasión por buscarle contagia a cualquiera de los adultos que allí se encuentran: el mundo de los niños.

 

UN NIÑO, UN GRAN MILAGRO

 

Una de las historias más hermosas de la Biblia, una de mis favoritas, habla acerca de uno de esos pequeñitos –algunas traducciones lo llaman “muchachito”–, que tomó parte para que sucediera uno de los milagros más recordados por todos: la alimentación de los cinco mil.

 

“Entonces Andrés, que era otro de sus discípulos y hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados…” (Juan 6:8-9)

 

Esta historia me gusta muchísimo y es muy especial para mí por varias razones:

 

  1. La primera es que esta palabra vino a mí como la confirmación de mi llamado con los niños y pre juveniles.

 

A través de esta palabra, Dios me habló que tendría esa habilidad y la gracia de ver, escuchar y creer en aquellos que otros pasan por alto.

 

Me impacta cómo Andrés, el discípulo de Jesús, aquel que fuera el primero de los que él llamó, se encontraba en una situación muy particular: mientras todos buscaban y pensaban como alimentar a esa gran multitud. Él fue capaz de mirar hacia otro lado, hacia donde se encontraba un pequeño, un simple pequeño, ¡un niño! Uno que iba a ser protagonista de un famosos suceso.

 

  1. La segunda razón ha sido la historia de ese milagro. Me impacta mucho cómo fue usado ese niño. Pero, ¿quién era ese niño? Nadie lo sabía, en ninguno de los evangelios se dice su nombre (es el único milagro de Jesús que quedó registrado en los 4 evangelios) y a pesar de todo, es una de las historias más famosas e increíbles de toda La Biblia.

 

Este normal e inocente niño no sabía todo lo que sucedería al darlo todo de corazón, simplemente se encontraba en el momento indicado, en medio de una multitud, él era ese instrumento que Dios usaría para glorificarse; no era a través de unos panes y unos peces, era a través de un simple niño.

 

Él vendría a convertirse en ese “pequeño colaborador del Reino” uno de tantos que existen hoy en día y que están dentro de nuestras iglesias. Compartir con ellos es llenarse de fe, darles el espacio para que sean pastoreados en un entorno alegre y de acuerdo a su edad; esto hará que crezcan amando al Señor y deseen vivir siempre con Él.

 

Estos pequeños colaboradores del reino abundan y cada vez son más visibles, no es extraño que los primeros que se alistan para asistir a su iglesia sean ellos y que muchas veces motiven a sus padres a que no se pierdan su servicio dominical.

 

A pesar de su corta edad ellos son dueños de cada promesa que esta escrita en su palabra y personas que se comunican directamente con Él. Al tener un corazón más puro e inocente, tengan la seguridad que sus oraciones son gratamente recibidas y aun me atrevo a afirmar que son de las favoritas del Padre.

 

Algunos consejos prácticos para que seamos multiplicadores de “Pequeños colaboradores del Reino”

 

  1. Trátalos como verdaderos hijos de Dios, no los subestimes, Jesús también dio su vida por ellos.

 

2, Hazlos parte del momento y de lo que Dios haya hablado a la iglesia: ellos son más inteligentes y listos de lo que imaginas, ellos saben, conocen y les encanta ser parte de lo que hacen los grandes.

 

*Por ejemplo: si en un momento determinado tu iglesia esta orando por un milagro en tu nación, involucraos, enséñales a través de historias de la Biblia, a través de esos pequeños héroes como Daniel que desde su juventud tenía un gran amor y una gran carga por su nación.

 

  1. Encomienda pequeñas tareas para que durante la semana apliquen lo que vieron el domingo.

 

  1. Permite y motiva a que oren unos por otros, milagros sucederán.