Sembrando en las generaciones

María Bonilla

Jesús fue enfático en afirmar la importancia de que los niños se acercaran a Él. Sus palabras fueron como una declaración de principios espirituales: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19:14). Para Él, la cercanía de los niños era primordial y llegó al punto de expresar que de ellos es el reino de los cielos.

 

Es por esta razón que se vuelve demasiado importante que en la Iglesia se levanten liderazgos fuertes que puedan llevar la Palabra de Dios a los más pequeños para que esta crezca en ellos y dé fruto a medida que crecen. Líderes que se preparen y acerquen a los niños de todas las edades para que puedan conocerles y hablar su idioma a la hora de transmitir el mensaje.

 

Estos líderes necesitan tener unas características muy especiales.

 

  1. Tener un corazón de pastor

 

En ocasiones, el trabajar con niños es un trabajo de paciencia, esfuerzo y de dar la milla extra para suplir sus necesidades y acercarlos a los pies del Señor. Un líder de niños tiene que saber que el contacto con sus ovejas debe ser parte de su vida. A veces, tendrá que colocar especial atención y ayuda a algunas de ellas, ya que a su temprana edad aún hay muchas cosas que no pueden hacer por sí mismas. Además, estos pastores tendrán que ser muy pacientes ya que los niños, en medio de su formación, con frecuencia se equivocan y necesitan de alguien que les enseñe con amor y constancia.

 

  1. Tener el corazón de un niño

 

En la niñez abunda la creatividad, la valentía y la sensibilidad. Todas estas características son claves para que un liderazgo con niños se desarrolle adecuadamente. El líder deberá tener la capacidad de escuchar y leer aquellas cosas que los niños dicen sin expresarlo con palabras. Deberá transmitir mensajes de manera práctica y creativa, balanceando la profundidad de la palabra con la diversión de estar en la presencia de Dios. Así mismo, deberá ser valiente para despojarse de sus limitaciones como adulto y poder conectarse con ellos a través del juego, los disfraces y la risa. Nada cautiva a un niño más que alguien que esté dispuesto a caer al piso con ellos y ser parte de sus juegos.

 

  1. Ser un ejemplo digno de imitar

 

Lo más importante para un líder de niños es su testimonio. Pablo enseñó de la importancia de imitarlo a él como él imitaba a Cristo. Esta enseñanza es especialmente relevante con los niños. Ellos buscan ejemplos a seguir y el líder tendrá que ser un modelo en cuanto a su relación con Dios y con los hombres. De esta manera, inspirará a los pequeños a vivir una vida entregada al Señor.

 

Es por esto que el liderazgo con niños no está diseñado para todos. Solo aquellos que han sido dotados con estos dones maravillosos podrán hacerlo. Pero los que reciben este llamado podrán experimentar la mejor sensación, la emoción que produce saber que se están sembrando pequeñas semillas en las generaciones que el día de mañana extenderán la Palabra de Dios a cada rincón del mundo.