Tres cosas para levantar tres generaciones – Lecciones de Moisés

Rich Harding

Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados”.

Deuteronomio 6:1-2

 

Qué gran encargo el que Moisés dio al pueblo de Israel. Estando al frente de ellos, les recordó          el momento en que Dios descendió de la montaña como fuego y humo, ¡con una voz tan potente y abrumadora que las personas clamaron para no volver a escucharla!

 

Las palabras que Dios dijo –Los Diez Mandamientos– tienen una gran riqueza para nosotros como cristianos, pero ese no es el tema de este Blog. Quiero enfocarme en el capítulo 6, lo que sucede justo después de eso. Moisés mandó al pueblo de Israel a temer al Señor, manteniendo sus estatutos y mandamientos. La siguiente frase es muy poderosa, mencionó específicamente tres generaciones: “Tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo”. ¿Por qué tres? Dios es conocido frecuentemente como el Dios de tres generaciones: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Establecer la promesa para el pueblo de Dios tomó tres generaciones. Dios dio la misma promesa a los tres patriarcas: en Génesis 12:1-4 a Abraham, en Génesis 26:1-5 a Isaac y en Génesis 28:13-15 a Jacob.

 

Acá, Moisés habló de nuevo de tres generaciones porque es lo que se necesita para establecer la promesa de Dios. Para Dios es importante que la fe se transmita de generación en generación. Muchos padres, especialmente los hombres, dejan que los hijos decidan su propio destino y tomen sus propias decisiones. Por supuesto que nadie puede ser obligado a creer algo. Sin embargo, si queremos ver la plenitud de la bendición de Dios, debemos trabajar para establecer Su reino primeramente en nuestras familias y nuestras siguientes generaciones.

 

Soy de la segunda generación de cristianos en mi familia al igual que mi esposa. Ambos venimos de familias cristianas y encontramos a Dios por nosotros mismos. Ahora miro a mis hijos, la tercera generación, y pienso: “¿Cómo puedo facilitar la relación de Dios con mis hijos, para que ellos puedan tener un encuentro con él como Jacob en Peniel?” (Génesis 32:22-32).

 

La clave que encontré está en los siguientes versos de Deuteronomio 6:

 

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”.

Deuteronomio 6:4-7

 

La respuesta tiene tres partes:

 

  1. “Amarás al Señor”
    Primero, ¡ama al Señor con todo lo que tienes! Los niños miran el ejemplo de sus padres. Si nosotros nos preocupamos y estamos estresados, o nunca adoramos a Dios ni le damos gracias, o no hacemos el devocional, nuestros hijos serán los primeros en darse cuenta. Muchos niños notan la hipocresía de sus padres, quienes proclaman un gran Dios los domingos, pero no lo aman realmente durante la semana. Gracias a Dios mis padres y suegros son ejemplos perfectos de hombres y mujeres que aman al Señor con todo su corazón, alma y fuerzas. Han sido un gran ejemplo para mí y mi esposa. ¡Ahora es mi turno!
  2. “Las repetirás a tus hijos”
    ¿Qué tan diligente eres enseñando la Palabra de Dios a tus hijos? Voy a ser honesto: la mayoría de las mamás son mejores en esto que los papás, pero no debería ser así. En el pueblo de Israel, el padre de familia tenía la responsabilidad principal de enseñar a los niños la Palabra de Dios y yo creo que en la actualidad debería ser igual. Esto es algo en lo que estoy trabajando e intento hacer todos los días (revisa algunos de nuestros blogs y recursos con algunas ideas sobre cómo enseñar a tus hijos la Biblia de una manera divertida e interactiva).
  3. “Hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. Nota que la palabra de Dios no dice “mirarás Netflix al sentarte”. ¡Qué gran desafío! ¿Con qué frecuencia nos sentamos como familia a hablar de la Palabra de Dios? Y cuando “andamos por el camino”, ¿hablamos de nuestras vidas, del último episodio de una serie de TV, de un video viral, o en verdad discutimos la Palabra de Dios? Algunas de las conversaciones favoritas que tenía con mi papá fueron acerca de la Biblia, el significado de algún pasaje o lo que descubríamos cuando mirábamos el idioma original. Recuerdo que mi corazón latía con fuerza cuando llegábamos a conclusiones poderosas y que cambiaban nuestras vidas sobre quién es Dios y qué cosas hace. Sé que estas conversaciones me ayudaron a guardar mi corazón y fortalecieron mi fe en Él.

 

Como padres, es fácil enfocarnos en las necesidades físicas de nuestros hijos, pero Dios nos ha llamado a transmitir nuestra fe primeramente a ellos. No tenemos que obligar a nuestros hijos a que vayan a la iglesia, a que oren o a que amen a Dios (de hecho, te lo imploro, ¡NO LO HAGAS!). Haz estas tres cosas: Ama, Enseña y Habla y comenzarás a ver que tus hijos siguen tus pasos mientras tú sigues a Jesús.

 

¿Cuántos de los que están leyendo esto están levantando la tercera o cuarta generación de cristianos? Dios los bendiga, ¡ustedes son verdaderos héroes de la fe!