Familias del Reino (Parte 2)

Manuela Castellanos

Esta semana nos enfocaremos más en el rol de la mujer dentro de su hogar. Hay un proverbio que me encanta, siempre que lo leo me desafía: “La mujer sabia edifica su casa” (Proverbios 14:1). La mujer determina la naturaleza de cada uno de sus hijos. Esto ha sido algo que siempre aprendí de mi mamá.

Hoy miraremos la vida de Elizabeth, la esposa de Zacarías.

Dice la palabra que tanto ella como su esposo eran justos delante de Dios, y luego nos deja la marca bien alta a todos nosotros: “y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6).

 

MUJERES DE FE

En la Biblia, la justicia está relacionada con la vida de fe: “Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). La fe es lo que está en nuestro corazón, lo que nos mueve a actuar y dar pasos en Dios, pero también se ve reflejada en nuestra manera de hablar. Nuestra tarea más importante dentro del hogar es edificar, motivar y levantar con nuestras palabras de fe, primeramente a nuestro cónyuge –sobretodo en los momentos en que esté enfrentando desafíos–. Y por supuesto también a cada uno de nuestros hijos.

La fe es un lenguaje que debemos aprender a usar a diario. Cuando conocí a mi esposo, él no sabía nada de español. Así que él, muy motivado, empezó fielmente a aprender este nuevo idioma. Todos los días pasaba varias horas memorizando nuevo vocabulario. ¡Gracias a eso se pudo comunicar con mis padres en corto tiempo!

De la misma manera, tenemos que estar frente a la palabra todos los días para poder entender y hablar más fluidamente este lenguaje de la fe.

ANDAR EN LA PALABRA

Lo segundo que aprendemos de Elizabeth es que era una mujer de la Palabra.

Cada paso que ella daba era guiado por lo que Dios le hablaba. Lucas 1:6 dice específicamente que ella ANDABA (caminaba, daba pasos) en todos los mandamientos Dios. Nos habla de que la mujer tiene la habilidad de acercar a la familia a los propósitos de Dios o alejarla.

 

Un ejemplo muy claro de esto lo vemos en la vida de Eva, un mujer que se dejó llevar por la voz del enemigo. Escuchó la voz incorrecta y esto la sacó por completo del propósito. Además, esto no solo la afectó a ella, ¡sino su esposo y toda su descendencia! Qué importante es dejarnos llevar por la palabra de Dios.

Creo que una de las debilidades que tenemos como mujeres es que fácilmente nos dejamos llevar por las emociones, y es ahí donde debemos tener más cuidado. Las emociones son pasajeras y engañosas… ¡pero la palabra de Dios es el mejor fundamento!

Si anhelas establecer una familia del reino asegúrate de que cada paso que des sea dirigido por la Palabra de Dios. No por la lógica humana, no por lo que los demás dicen, incluso no por lo que la cultura nos dice.

Hoy quiero honrar la vida de mi mamá. He sido testigo de que ella es una mujer que ha andado irreprensiblemente en los mandamientos del Señor. Recuerdo cuando Dios le habló de mudarse a la ciudad de Miami, yo tenía 14 años de edad y la verdad en ese momento lo que menos queríamos era cambiar de país, de amigos, de colegio y de iglesia; sin embargo, hoy miramos atrás y podemos ver que esa decisión guardó no solo nuestra fe, sino también nuestros sentimientos; fue en la ciudad de Miami donde conocí a mi esposo, también fue en la ciudad de Miami donde aprendí lo que era trabajar en la obra de Dios. Gracias mami, por dejarte guiar por Dios.

 

MARCAR LA NATURALEZA DE NUESTROS HIJOS

“Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan” (Lucas 1:59-60).

 

El nombre de una persona en la Biblia siempre era de gran significado, pues determinaría la naturaleza de esa persona. Por eso, encontramos muchos ejemplos en la Palabra en los que Dios cambia el nombre a sus hijos. Por ejemplo, Dios cambió el nombre de Jacob por Israel, el nombre de Saulo por Pablo y el nombre de Simón por Pedro.

Desde que concebimos un hijo, nosotras como madres empezamos a marcar su naturaleza. Si en el momento del embarazo confesamos que este hijo será un carga financiera, sin darnos cuenta, estamos marcando la naturaleza de esa criatura; si en el momento en que los niños no cooperan con nuestra dirección hablamos ligeramente confesando que nuestros hijos son rebeldes, también los estamos marcando con esa naturaleza.

Quiero hacerte una pregunta: ¿Qué nombre le has dado a tus hijos? ¿Qué has confesado sobre ellos? ¿si pusiéramos todas las palabras sobre una balanza, ¿cuántas han sido llenas de fe y dulzura, y cuántas de amargura y contienda?

Al inicio de este año, el señor me llevó a estar los primero días del año sumergida en la Palabra y fue un tiempo muy especial. En ese tiempo de quietud, Dios me habló y me dio palabras para cada uno de mis hijos y para mi esposo, trajo a memoria otras promesas que había recibido en el pasado. Las anote en mi libro de los sueños, coloqué sus nombres con sus fotos y su promesa específica. Constantemente las recuerdo, las proclamo y las declaro.

 

Recuerda mujer: detrás del gran profeta Juan el Bautista hubo una mujer que aprendió a caminar en la fe, en la palabra, y se determinó a decretar que su hijo sería un regalo de Dios, ¡un profeta del altísimo!