“Los hijos que le nacen a un hombre joven son como flechas en manos de un guerrero”. (Salmo 127:4)

 Leí este verso de la Biblia muchas veces cuando era un joven, pero casi no lograba entenderlo… simplemente asumía que los hijos eran algo “bueno” y como yo era uno de ellos me sentía muy bien, pensaba: “¡Ja! ¡Soy una bendición para mis papás!”

Ahora que tengo la oportunidad de ser padre de tres chiquitos, he comenzado a comprender lo que el Señor nos quiere enseñar a través de este pasaje.

 

¿Por qué Dios compara a los hijos con flechas?

Bueno, les puedo decir que a veces mis hijos parecen no poder estar quietos, corren de un lado a otro de la casa sin descansar y a veces tengo que hacer un esfuerzo para esquivarlos y evitar que alguien salga lastimado. ¡En eso se parecen mucho a las flechas! Pero bueno, además de eso creo que Dios quería enseñarme mucho más con esta comparación y es lo que les quiero compartir.

Entendí que los hijos son como las flechas porque tienen un propósito –un objetivo al cual llegar– y que necesitan ser bien direccionados para poder dar en al blanco de sus vidas. Ninguna flecha llega a donde tiene que llegar por sí misma. Necesita de un arquero que tenga la habilidad de lanzarla con la fuerza necesaria y la dirección correcta.

Es por esta razón que hoy vemos a muchos jóvenes que están confundidos y buscando qué hacer con sus vidas. No saben a donde ir y andan a tientas –equivocándose, siendo heridos e hiriendo también a otros–. Son como flechas lanzadas al aire, sin rumbo, ya que no han recibido la dirección adecuada para sus vidas.

Los padres tenemos el desafío de ser esos guerreros de los que habla este Salmo. Valientes que asuman su responsabilidad con amor y que aprendan a depender siempre del Señor para levantar a sus hijos.

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia”. (Salmo 127:1-2)

Hoy doy gracias al Señor por mis padres. Desde que ellos conocieron a Jesús siempre me dieron dirección a través de la Palabra y me encaminaron en su propósito. Ahora, junto a mi esposa podemos decir que estamos cumpliendo un objetivo bien definido, ayudando a los jóvenes en el ministerio y preparando a nuestras tres “flechitas” para que cuando llegue el momento ellos también puedan ser lanzados hacia su propósito y dar justo en el blanco.

 

Por: Leonardo Chávez