Camino a la tierra prometida

Johana Castro

En el equipo de animación buscamos ser soñadores extremos. Somos un grupo de 13 personas provenientes de diferentes orígenes, que trabajamos en armonía, cada uno en su especialidad, creando la serie Pequeños Héroes, algunos trabajan animando personajes, otros resolviendo complicaciones técnicas, creando articulaciones y esqueletos para que los personajes puedan cobrar vida y muchas áreas más, ¡el proceso de animación es sorprendentemente largo!

Como equipo, siempre tenemos fe en las promesas de Dios aún sin poder verlas, y es que en nuestro trabajo las cosas son así: por algún tiempo, a pesar de trabajar mucho en una escena, no vemos nada, solo a los personajes en movimientos extremos y extraños y nada de color. ¡Todo es gris! Pero de un momento a otro, todo está terminado y es aún mejor de lo que habíamos pensado.

El sueño de tener videos divertidos y educativos para niños comenzó a crecer en el corazón de nuestro director, Diego Gómez, y otras tres personas, quienes sentaron las bases del departamento. Para muchos, podría parecer lo más alejado de un nacimiento perfecto; estaban con computadores prestados, en el ático del edificio, con muchas preguntas y sin un plan de acción claro; lo que sí tenían era fe en el sueño que Dios les había dado.

En el camino que hemos recorrido como estudio de animación, Dios nos ha llevado al desierto –a lo desconocido, a lo pequeño y estrecho–, pero ahora nos está llevando a la tierra prometida. Nunca habíamos tenido un lugar propio y, desde hace un par de años, los espacios en los que estábamos eran tan estrechos que nuestro equipo estuvo dividido en dos secciones, ¡así que nuestra mayor herramienta de comunicación era la mensajería instantánea! Si teníamos una duda, por pequeña que fuera, la opción era internet o ir a la otra oficina, que estaba a un piso de distancia. Aunque puede parecer que no es la gran cosa, cuando la única duda es un color, o cuando es tan profunda como la intencionalidad en un movimiento, se hace muy lejos.

Todo este tiempo estuvimos soñando con el lugar que Dios quería darnos, con un espacio amplio, en donde pudiéramos trabajar colaborativamente y con áreas en donde nuestra creatividad pudiera fluir; con una zona en donde pudiéramos ver los adelantos de las escenas, de los episodios y de las canciones cuando estuvieran listos. Siempre estábamos pensando en esto. ¡Soñamos mucho! Sabíamos que teníamos una promesa, que nuestro Padre daría respuestas a nuestras necesidades y que sería de la mejor manera. Hicimos planos con muchos lugares en mente. Finalmente –y como siempre ha sucedido– la idea de Dios fue mucho mejor.

Nuestra nueva oficina es por lo menos tres veces más grande de lo que habíamos imaginado, tiene un diseño increíble que nos permite ser creativos y estar en un espacio cómodo para cada artista, tenemos una sala de juntas en donde podemos proyectar y ver en conjunto nuestro trabajo y tenemos los espacios específicos para las necesidades de dirección, post producción e iluminación.

¡Definitivamente los planes de Dios siempre son mejores que los nuestros! Con cada idea nueva y cada sueño que teníamos, Dios estaba estirando un poco más nuestra fe, permitiéndonos creer para recibir lo que Él ya había soñado para nosotros.

Como estudio aprendimos que el tiempo de Dios es perfecto, pues si hubiéramos actuado en nuestra lógica, el resultado no hubiera sido un milagro, sino el fruto de nuestras manos y definitivamente no sería lo que hoy tenemos. A pesar de haber tomado tanto tiempo, nunca dejamos de soñar; cuando una puerta se cerraba no dejamos de creer, sino que sabíamos que Dios tenía para nosotros algo mucho más que bueno. ¡Lo que Dios nos dio es perfecto!