El altar familiar con niños pequeños
Hace poco, Hannah, mi hija mayor de 3 años, me preguntó mientras servía el desayuno: “Mamá, ¿Dios por qué me escogió?”. Paré lo que estaba haciendo e hice una oración exprés: “Espíritu Santo, dame la respuesta correcta a esta pregunta tan importante que me acaba de hacer mi hija”. Y enseguida me dio la respuesta: “Porque Dios te ama”. Le vi la cara de deleite y paz, que significaba que había quedado complacida con la respuesta.
Ahí comprendí que el Espíritu Santo le dio convicción a su espíritu de esta verdad. Así lo dice Romanos 8:16: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”. Pero yo también aprendí algo que espero que nunca se te olvide: Dios quiere usarte como padre para revelarse a tus hijos, aun desde una temprana edad.
Es más, Dios mismo hizo un pacto con nosotros: “Este es el pacto que... haré...: «Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón... porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán...»” (Hebreos 8:10-12, NVI).
El altar familiar es ese tiempo que tú sacas con tus hijos y como familia para orar y leer la Biblia juntos todos los días. Dios mismo nos dice que lo hagamos; no es una sugerencia, ¡es un mandamiento! “Apréndete de memoria todas las enseñanzas que hoy te he dado, y repítelas a tus hijos a todas horas y en todo lugar: cuando estés en tu casa o en el camino, y cuando te levantes o cuando te acuestes” (Deuteronomio 6:6-7, TLA).
1. Sí se puede conocer a Dios desde una temprana edad
Lo primero que debes saber al hacer un altar familiar con niños pequeños es que ellos pueden comprender las verdades bíblicas, y el Espíritu Santo se encargará de que estas verdades los lleven a conocer a Dios personalmente. ¡Así como sucedió con mi hija de 3 años!
El maestro Derek Prince dice en sus enseñanzas que los niños pequeños poseen una capacidad espiritual sorprendentemente avanzada y son completamente capaces de experimentar la salvación, el arrepentimiento y una comprensión profunda de Dios a una edad muy temprana.
Así que no te limites; el altar familiar es la oportunidad para que tus hijos conozcan a Jesús personalmente.
2. Sé constante y sé como un niño
Mis padres, desde que tengo uso de razón, se sentaban cada noche en la orilla de nuestras camas, la mía y la de mi hermano mayor, a dramatizar una historia de la Biblia y a que repitiéramos el Salmo 23 y el Salmo 91 de memoria. Fueron constantes, incansables, y se volvió un hábito que empezamos a amar y a desear cada noche. No había distracciones. Los gestos, el tono de voz acentuado y toda la energía con que contaban las historias inmediatamente disponían nuestros corazones para recibir la Palabra.
Ese tiempo que nos dedicaron jamás se borró de mi memoria, y ahora, 30 años después, yo hago lo mismo con mis hijas de 1 y 3 años. ¿A qué niño no le gusta escuchar una historia antes de irse a la cama? Haz que cada historia de la Biblia que les cuentes cobre vida. Para esto puedes apoyarte con una Biblia con muchas ilustraciones, dibujos y narrativas cortas. Ellos se fijan en los detalles y las imágenes despiertan su curiosidad.
Para los bebés, ¡cántales la misma Palabra de Dios! Puedes usar canciones cristianas o canciones que el Espíritu Santo te dé; eso ministra a sus almas y fortalece su espíritu. Además, los arrulla y llena de paz porque la Palabra de Dios nunca vuelve vacía (Isaías 55:11).
¡Ánimo! Habrá días en que estarás muy cansado(a), pero cada día cuenta. Nunca subestimes ese tiempo. Cada semilla de la Palabra que tú siembres en ellos dará fruto.
3. Alimenta su curiosidad
Dios ha puesto un tesoro muy grande en los niños: la curiosidad. Desde los 3 años, los niños quieren entender el mundo que los rodea, y si ven que Dios es tu prioridad, ellos querrán conocerlo también.
Esto lo demuestran haciendo muchas preguntas. Entonces, ¡sé paciente y recuerda que cada pregunta es una oportunidad para hablarles de Dios! Si no sabes cómo responderles, ¡pídele al Espíritu Santo que te ayude, como lo hice yo!
4. Invítalos a participar
Desde antes de que mis hijas pudieran hablar, mi esposo y yo orábamos por ellas cada noche en voz alta para que nos escucharan, y por los alimentos cada vez que estábamos a la mesa. Usábamos un lenguaje sencillo, pero lleno de sentido. Ellas fueron aprendiendo solo con escucharlo una y otra vez.
Pronto empezaron a repetir lo mismo que escuchaban y decían: “¡Amén!” cuando finalizábamos la oración, y luego decían: “En el nombre de Jesús”. Un niño quiere participar y hacer lo que tú haces. Es su manera de aprender, y la oración no es una excepción.
Luego, a medida que fueron creciendo, les pedíamos que ellas oraran por los alimentos, y así lo hacían. Ahora oran cuando hacemos el altar familiar y han entendido que Dios es su Padre y pueden pedirle lo que necesitan, porque Él las escucha.
¡El altar familiar con niños pequeños no es difícil! Inicia con un día a la semana y saca este tiempo, sin distracciones. Cada vez tu creatividad fluirá más y ¡Dios se dará a conocer a la vida de tus hijos a través de ti!
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Caroline Asprilla, apasionada por Dios y por la gente, es pastora de la Iglesia MCI en Bogotá, sede Usme, junto a su esposo. Entregada a su hogar, madre de dos hijas y empresaria, es Administradora de Empresas del City University de Londres y especialista en finanzas.
@carol12giraldo