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NUEVAS CRAYOLAS, NUEVA GRACIA

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En los hogares habitados por niños, donde cada día construimos familia, abundan las piezas de juegos incompletas, los peluches despeinados, los libros doblados, la plastilina endurecida, los marcadores sin tapa y, por supuesto, los pequeños fragmentos de crayolas rotas. Y, como padres, constantemente enseñamos a nuestros hijos a conservar aquello que aún puede ser útil y a desechar lo que definitivamente ya no sirve.

Mi esposo y yo también hemos estado allí.

Una de esas largas tardes de organizar habitaciones y clasificar lo que permanecía y lo que debía salir, me detuve a observar aquellas decenas de pequeños pedazos de crayones de colores. Recordé cuando los compré: venían en sus cajas nuevas, con sus etiquetas intactas y ese olor característico que anuncia algo recién estrenado. También recordé todas las veces que juntos los usamos para crear y llenar de color tantas hojas en blanco.

Mientras los observaba, pensé en cuántas veces nosotros mismos atravesamos temporadas en las que nos sentimos como esas crayolas: fragmentados por las frustraciones, las decepciones, los miedos, las pérdidas y las heridas. Son momentos en los que pareciera que hemos perdido el color y terminamos creyendo que algunas partes de nuestra vida ya no tienen utilidad ni propósito.

Entonces recordé una verdad que sostiene nuestra esperanza:

"Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de los que lo aman y son llamados según el propósito que Él tiene para ellos." — Romanos 8:28.

Con la intención de darles una segunda oportunidad a aquellos pequeños fragmentos, decidimos hacer nuevas crayolas en casa. Y mientras avanzábamos en el proceso, Dios me recordó cómo obra en nuestras propias vidas.

🖍️🌈 Primero, reunimos todos los pedazos de crayones que encontramos. Del mismo modo, delante del Señor podemos reconocer nuestras heridas, nuestras cargas y todo aquello que está quebrado en nosotros.

📃 Luego, retiramos los papeles y las etiquetas viejas. Así también, Dios nos invita a dejar atrás aquello que seguimos cargando del pasado y que ya no forma parte de nuestra identidad en Cristo.

🧈 Después, partimos las crayolas y colocamos cada fragmento en moldes pequeños. De la misma manera, podemos rendir a Jesús cada parte de nuestro corazón, sin guardar nada para nosotros.

⏳ Las llevamos al horno y esperamos pacientemente. ¡Cuántas veces Dios también obra en medio de procesos que no siempre comprendemos, pero que forman en nosotros un corazón renovado y una fe más profunda!

🎨 Finalmente, las dejamos enfriar y las retiramos con cuidado. Entonces aparecieron nuevas crayolas: diferentes, llenas de colores mezclados, con una forma distinta, pero listas para volver a crear.

Y mientras las estrenábamos, recordé que eso es precisamente lo que Cristo ha hecho por nosotros. En la cruz, Jesús cargó con nuestro pecado, nuestras heridas y nuestra historia. Por medio de su gracia, Él toma aquello que parecía perdido y le da un nuevo propósito. No porque nuestras fuerzas sean suficientes, sino porque su amor es capaz de hacer nuevas todas las cosas.

Tal vez hoy te sientes como una de esas pequeñas piezas de crayón: quebrada, desgastada o sin mucho color. Pero en las manos del Padre nada está fuera de su alcance. Gracias a Jesús, ninguna historia está demasiado rota para ser redimida.

Porque cuando algo está en las manos de Dios, nunca es desperdicio. En Cristo, incluso las partes más quebradas pueden convertirse en el comienzo de una nueva obra, creada con un propósito mucho mayor del que nosotros mismos podemos imaginar.

Y quizás esta sea una linda oportunidad para reunir a tus hijos, rescatar esas crayolas olvidadas y crear juntos algo nuevo. Más que una manualidad, puede convertirse en un momento para conversar sobre la gracia de Dios y recordarles que, así como aquellas pequeñas piezas fueron transformadas, Jesús también puede tomar nuestras heridas, nuestros errores y aquello que creemos perdido para hacer algo hermoso con ello.

Que cada nueva crayola les recuerde como familia que, en las manos de Cristo, nada se desperdicia y que, por su gracia, siempre hay esperanza, propósito y una nueva oportunidad.

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Soy Lorena Sánchez Moreno, esposa y mamá de León, Alma y Mía. Comunicadora social y periodista, apasionada por Jesús y Su Palabra. Lidero el movimiento de mujeres @cafeconlore y, junto con mi esposo, pastoreamos Euphoria Church en Bogotá, sirviendo y acompañando a otros a crecer en su fe.

@loresanchezm

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