Tiempo de jugar y nutrir
“Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro de que en ti también.”
2 Timoteo 1:5 RVR1960
¿Alguna vez has sentido que, aunque tienes a tus hijos físicamente cerca, no confían lo suficiente en ti o no prestan atención a lo que les dices?
Como mamá de dos hijos, uno pequeño y otro que acaba de entrar a la adolescencia, muchas veces me he hecho esta pregunta:
¿Cómo puedo acercarme a mis hijos y, de esta manera, lograr que abran su corazón y se acerquen cada vez más a Dios?
¿Cómo puedo ayudarles a tener una fe genuina como la que fue impartida a Timoteo por su abuela y su mamá?
He entendido que ser padres es toda una aventura que implica provisión, cuidado, amor y un acompañamiento continuo. Esfuerzo, esfuerzo y más esfuerzo, pero…
Entre todos los esfuerzos y las responsabilidades que enfrentamos como padres, hay uno que es el más importante: el que implica dar fundamentos para su vida espiritual. Nuestros hijos son tierra fértil donde podemos depositar semillas eternas. Nutrir el corazón de nuestros hijos con los principios de la Palabra de Dios es el camino para que puedan crecer y tener una vida que honre a Jesús.
Una de las herramientas más enriquecedoras y refrescantes, que además logra conectarnos con nuestros hijos y nos permite enseñarles la Palabra, son los espacios de juego. Cuando dedicamos tiempo a jugar con ellos y detenemos nuestras actividades para enfocarnos en ellos, les demostramos que son importantes, y así se sienten amados y valorados.
Divertirse en familia a través del juego permite reír juntos y tener libertad para expresar y crear. Es un ambiente perfecto para la comunicación, para recibir apoyo y aprendizaje. El juego crea recuerdos poderosos; nos da oportunidades para conocerlos, observarlos, ver cómo reaccionan, afirmar valores y enseñarles la Palabra.
A continuación, te daré algunos tips que te servirán para conectar a través del juego y lograr que sus corazones aprendan. Lo único que necesitas es atención y disposición.
1. Improvisa
Aprovecha cualquier momento para jugar. Cualquier actividad cotidiana o rutina diaria se puede convertir en una oportunidad para jugar y aprender.
Por ejemplo, camino al colegio, a una cita médica o haciendo mercado. En cualquier instante puedes crear un momento especial: crear historias, personajes y contar cómo los hijos de Dios enfrentaron circunstancias.
En los momentos en que estén sentados a la mesa, puedes hacer preguntas clave que todos los miembros de la familia pueden responder, como:
¿Qué fue lo mejor de tu día?
¿Qué fue lo más difícil de tu semana?
¿Qué fue lo más chistoso que te pasó hoy?
Este ejercicio te permite saber cómo se sienten, qué piensan y, a su vez, puedes alentarlos y hacer reflexiones con la Palabra.
Además, no dudes en aceptar la invitación cuando ellos te proponen integrar sus juegos libres y de imaginación. Entrar en sus dinámicas de juego los hace sentirse prioridad en medio de una vida llena de retos.
2. Planea tiempos para compartir y crea expectativas
Una de las estrategias que Dios me dio fue dedicar espacios para compartir juntos como familia, pero también con cada hijo por separado.
Tiempo en familia:
Cuando compartimos con hijos de diferentes edades, podemos darles opciones teniendo en cuenta sus preferencias. Una forma de escoger actividades es usando una “bolsita de actividades”. Consiste en que cada miembro de la familia escribe en un papel actividades que le gustaría hacer juntos y se colocan en una bolsa; luego se sacan algunos papelitos ganadores.
(Pintar juntos, cocinar, hacer un picnic, ir al aire libre, subir un árbol, hacer una carpa en la sala con cobijas, ver una película juntos, hacer títeres, etc.)
Esto también les enseña a valorar lo que los demás miembros de la familia desean.
Tiempo individual con cada hijo:
Esta estrategia consiste en hacer “citas” con cada hijo por separado, donde puedas llenar su tanque de amor y responder a su necesidad.
Aprendí esto a través de una situación que viví con mi hijo mayor. Durante un tiempo no nos comunicábamos bien; lo sentía distante y, ante cualquier cosa que le expresaba, reaccionaba mal.
Así que en oración dije:
“Señor, enséñame a conectar de nuevo con él. Muéstrame cómo ganar su corazón”.
Junto con mi esposo entendimos que se sentía solo y un poco desplazado por su hermano menor.
Fue entonces cuando el Señor me llevó a enfocarme en él y en sus intereses. Sabía que era un gran lector y que le gustaban los juegos de mesa, pero descubrí que le encantaba la bicicleta. Yo no sabía montar porque de niña no tuve una, así que tomé la decisión de aprender.
Diseñamos el “día de Mile (mamá) y Migue (hijo mayor)”, y esos días son exclusivos para él. Salimos en bicicleta hasta la biblioteca, vemos exposiciones de arte, alquilamos libros que le gustan y jugamos juegos de mesa.
He aprendido a leer la literatura que le gusta y así hemos logrado conectarnos. Estos espacios me han permitido escuchar, aconsejar y entender qué tipo de oración necesita.
De la misma forma, existen días de “Mile (mamá) y Gabo (hijo menor)”, donde me dedico completamente a él: subir árboles, jugar en la arena, dibujar y pintar. Me enfoco en sus actividades favoritas y aprovecho para llenar su corazón con enseñanzas de la Palabra.
3. Haz del altar familiar su lugar seguro
Dedica un tiempo semanal para buscar a Dios en familia. Hazlo divertido, participativo y significativo. Allí pueden aprender de la Palabra juntos, compartir y cerrar orando por las necesidades de cada miembro de la familia.
Pequeños Héroes cuenta con un libro de devocionales en familia que puedes usar como recurso, con enseñanzas claras y momentos especiales de juego. Además, continuamente se desarrollan nuevos recursos y productos didácticos que facilitan el discipulado de los niños en casa.
Te invito a estar atento a los nuevos lanzamientos, que te permitirán seguir edificando tu casa sobre la roca.
Por último, no olvides disfrutar de tus hijos y disfrutar con tus hijos. El juego también traerá beneficios para ti como padre: te permitirá relajarte y divertirte.
Recuerda que ellos crecen muy rápido y cada etapa será diferente.
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Hola, soy Milena Páez, mamá de dos hijos: Miguel Ángel de 13 años y Gabriel de 5 años. Soy maestra de profesión en el área de educación artística y coordinadora del ministerio de kids de los pastores Mora en MCI Bogotá.
Apasionada por Jesús, la pedagogía y las artes.
@mileps